35 años construyendo naves industriales: lo que ha cambiado y lo que no

35 años construyendo naves industriales: lo que ha cambiado y lo que no

15 de octubre de 1991

El pasado 15 de octubre NAPISA ha cumplido 35 años. Treinta y cinco años promoviendo y construyendo naves y edificios para la industria y el sector terciario, casi siempre en la Comunidad de Madrid, casi siempre para empresarios que se enfrentaban por primera vez al reto de construir su propio edificio.

Un aniversario es una buena excusa para mirar atrás. Pero no quiero que este artículo sea un ejercicio de nostalgia ni un repaso de logros. Prefiero contarte, con la perspectiva que dan más de dos millones de metros cuadrados construidos, qué ha cambiado en nuestro sector, qué no ha cambiado en absoluto y qué hemos aprendido por el camino. Porque si estás pensando en construir o ampliar tu nave, buena parte de esas lecciones te interesan a ti más que a nosotros.

Lo que ha cambiado

La nave ya no es un contenedor

Cuando empezamos, a una nave se le pedía, sobre todo, que cubriera metros y que fuera barata. Hoy se le pide mucho más. Alturas libres pensadas para el almacenaje en altura, soleras diseñadas para cargas, alturas y robots concretos, muelles calculados según el flujo logístico, oficinas que tienen que retener talento y, a la vez, representar los valores de la empresa, cubiertas estancas preparadas para soportar una instalación fotovoltaica… La nave ha dejado de ser un contenedor para convertirse, en sí misma, una herramienta de producción más, y como tal se diseña a partir del proceso productivo que albergará.

La normativa es otra

En estos años hemos visto llegar el Reglamento de Seguridad contra Incendios en los Establecimientos Industriales en 2004 y el Código Técnico de la Edificación en 2006, y con ellos toda una cascada de exigencias en materia de seguridad, eficiencia energética y sostenibilidad. Es un avance, sin duda. Pero también significa que hoy no es posible hacerse una idea de cómo será un edificio, ni de cuánto costará, sin haber estudiado con rigor el marco normativo y urbanístico que le es de aplicación.

El suelo es escaso y caro

Madrid ha pasado de tener suelo industrial abundante en su primera corona a sufrir una escasez crónica de suelo finalista, sobre todo de parcelas grandes. La llegada de los grandes operadores logísticos y, más recientemente, de los centros de datos ha tensionado los precios como nunca habíamos visto. Hoy la elección del solar es, con frecuencia, la decisión más importante y determinante de todo el proyecto.

Faltan manos

Y quizá el cambio más preocupante: la falta de mano de obra cualificada. La edad media de los trabajadores de la construcción no deja de subir y cuesta muchísimo incorporar gente joven a los diferentes oficios, tanto en obra como entre el equipo que gestiona y dirige la ejecución de los proyectos. Esto afecta a los plazos, a los costes y, si no se gestiona bien, a la calidad.

Lo que no ha cambiado

Y, sin embargo, hay cosas que no han cambiado nada en 35 años.

La primera es la inquietud del empresario. Construir una nave es una decisión que una empresa toma pocas veces en su vida, que inmoviliza muchos recursos y que, por eso mismo, produce una aguda sensación de vértigo. El cliente que entraba en nuestra oficina en los años noventa y el que entra hoy se hacen exactamente las mismas preguntas: ¿cuánto me va a costar de verdad?, ¿cuándo podré empezar a trabajar dentro?, ¿quién va a responder si algo sale mal?

La segunda es la naturaleza de nuestro oficio. Un edificio se sigue fabricando in situ, en condiciones singulares e incluso cambiantes, desde un subsuelo que nunca se conoce del todo hasta que se excava, hasta determinadas circunstancias de la geopolítica que determinan los precios de las materias primas. Ninguna tecnología ha eliminado esas incertidumbres. Lo que sí podemos hacer, y en eso consiste nuestro trabajo, es acotarla razonablemente.

Y la tercera, la más importante: lo que el cliente necesita de nosotros es certidumbre. Un precio y un plazo cerrados, desde el primer momento, casi desde la primera idea, y, además que nos hagamos responsables para poder responder de todo. Eso es lo que buscaban nuestros primeros clientes y es lo que siguen buscando hoy.

Cinco lecciones de 35 años

1. Las obras se ganan antes de empezar

La mayor parte de los problemas que hemos visto en una obra se habían gestado mucho antes de que llegara la primera máquina: en un solar mal elegido, en un proyecto incompleto y más apto para el sector residencial que para el industrial, o en un presupuesto que no recogía todo. En la fase de diseño se toman las decisiones que determinan la inmensa mayoría del coste. Por eso insisto tanto: el desarrollo profesional del anteproyecto para la construcción de un edificio funcional y, a la vez, con los mínimos costes de mantenimiento, recogiendo todas las necesidades presentes y las futuras, no es un coste, es una inversión.

2. Antes de comprar el solar, dibújalo

Hemos visto solares que parecían una ganga y que escondían importantes costes en cimentaciones y en movimientos de tierras ocasionados, por ejemplo, por antiguos vertidos de hormigón o por tener un firme a gran profundidad, así como por tener alguna servidumbre o una ordenanza que hacía inviable la nave que el cliente necesitaba. Nunca compres un solar sin saber antes qué edificio podrás construir en él y cuánto va a costar levantarlo. Déjate asesorar por un equipo profesional y experimentado en diseño y construcción de este tipo de edificios.

3. Los cambios a mitad de obra son el enemigo

Con bastante frecuencia, la fuente principal de los sobrecostes no es el constructor ni el mercado, sino las modificaciones que se deciden con la obra en marcha. Cada hora que se dedica a definir bien el proyecto al principio ahorra muchas horas, y mucho dinero, al final.

4. Un único responsable

Cuando en una obra intervienen muchos agentes y ninguno responde del conjunto, los problemas acaban siempre en la mesa del cliente. La fórmula diseño y construcción llave en mano nació precisamente para evitarlo, y después de tantos años sigo convencido de que es la que mejor protege al empresario: el precio que firmas es el precio que pagas.

5. Las personas son el verdadero activo

Una constructora no es su maquinaria ni sus oficinas. Es su gente: los jefes de obra, los técnicos, los encargados y todo el equipo que, día a día, convierte un plano en un edificio. Nuestros trabajadores son el capital más importante de NAPISA, y así ha sido desde el primer día.

Gracias

Nada de esto habría sido posible sin los cientos de empresas que, a lo largo de estos 35 años, han confiado en nosotros para hacer realidad su proyecto empresarial. Muchas de ellas han vuelto a llamarnos cuando han necesitado crecer, y no se me ocurre mejor reconocimiento a nuestro trabajo. Gracias también a todas las personas que forman y han formado parte de NAPISA, porque cada metro cuadrado construido lleva su firma.

Más de 500 obras y más de dos millones de metros cuadrados después, seguimos haciendo lo mismo que el primer día: escuchar al cliente, entender su negocio y comprometernos con un precio y un plazo cerrados desde la primera idea.

Si estás pensando en construir o ampliar tu nave industrial, o todavía estás buscando el solar adecuado, nos encantará escucharte. Te proponemos una primera reunión sin compromiso para analizar tu proyecto. Llevamos 35 años haciéndolo.